sábado, 27 de noviembre de 2010

Feliz y lluvioso fin de semana a todos

¿Conocéis a alguien que compre las entradas para un concierto que se va a celebrar el 30 de junio, en diciembre?. Esa soy yo, y os aseguro que mereció la pena. Este finde me recuerda mucho a ese sábado que fui a comprarlas y me ha dado por acordarme de este tema.


Que tengáis un buen finde


domingo, 21 de noviembre de 2010

Un viaje cualquiera



Emprendo el viaje, éste me lleva del reino de la lluvia al reino del sol en apenas instantes. El arco iris me espera, ha decidido acompañarme, sabe que no me gustan los días grises y se muestra solícito a adornar el trayecto con sus colores. De nuevo me adentro en la oscuridad, en la fina lluvia que no cesa. Y me hago la misma pregunta que mi hijo pequeño me hacía hace unos días.

¿Se puede tocar el arco iris?

Físicamente no, desde luego, pero sentirlo tan cerca en un paisaje tan gris, ¿acaso no es una forma de tocarlo?


La conversación con mi clienta es bastante amena, de libros principalmente, pero ni eso consigue sacarme del ensimismamiento que me produce la desierta carretera a merced de los fenómenos naturales. El viaje se ha hecho corto, eso me dice ella, y así es. Podría seguir conduciendo hasta llegar al arco iris y adentrarme en sus luces.

Ya de regreso comienza a atardecer, es una suerte que no haya tráfico, pues la vista que el retrovisor me devuelve, me hace viajar a tiempos lejanos de mi niñez, donde no existen preocupaciones que enturbien la percepción de lo que nos rodea. Paradójico volver al presente viajando en el pasado. El retrovisor me muestra una imagen tan idílica que puedo percibir el olor del humo y el crepitar del fuego en las chimeneas de las dispersas y solitarias casas de campo.

Así, soñando despierta, llego a la parada justo para contemplar como una preciosa luna llena es engullida por una enorme nube negra que apaga todas las luces de la noche dejándola sumida en la mas absoluta oscuridad.

Mientras tanto, abajo, las luces verdes de los taxis libres se mezclan con las farolas de la estación de tren. El ir y venir de pasajeros arrastrando maletas con ruedas chirriantes se confunde con las animadas conversaciones de los taxistas que aguardan su turno.

¿Te quedas o te vas?

Me quedo (se me había olvidado parar el coche)

Fin del viaje.