
Esto de conducir un taxi por primera vez, me recordó mucho al primer embarazo. Todo el mundo te cuenta su experiencia, aunque no la preguntes, y te saturan con buenos consejos que por norma general (y como mecanismo de defensa para no enloquecer), por un oído te entran y por el otro te salen. Yo lo intentaba.., escuchaba todos los consejos pacientemente, tanto que todavía los recuerdo, lo que ocurre es que luego se me olvidaba ponerlos en práctica.
Era el ocaso de una tarde de verano en la estación de autobuses. Tengo que aclarar que normalmente no juzgo a nadie por su aspecto. El caso es que estaba la segunda y fuera del coche cuando la visión de un ser extraño me produjo un escalofrío y el pensamiento de “uf menos mal que no estoy la primera”, pero me equivocaba. Unas señoras se habían subido al primer taxi y cuando me fui a dar cuenta, tenía al señor cuya visión me había dado miedo, a mi lado en el asiento del copiloto.
-Buenas tardes
-Buenas tardes, a los Rectores.
Arranco, pongo taxímetro y cojo autovía, es justo ese momento en que recuerdo el primer consejo de una compañera “jamás salgas a la autovía si no te gusta quien llevas y te sientes insegura”. Pues vamos bien….Antonia . que necesidad tenía… en fin. Ya está hecho, intento no parecer nerviosa y el señor comienza a hablar de política y con una conversación medianamente culta, respiro aliviada, igual me he equivocado. Continua contándome una película de que va allí a ver a su amigo el juez, que él es un bohemio, que ha recorrido todo el mundo…Por fin llego. Y atención que aquí comienza lo paranormal, jaja.
Llego al número de la calle que me ha indicado y se baja y sale corriendo, respiro, si como lo leéis, respiro aliviada, alguna vez tenía que ser, no me había ocurrido nunca pero con semejante personaje deduzco que lo mejor que me puede pasar es que se vaya sin pagarme. No me paro ni a parar el taxímetro, me pongo a dar la vuelta, pues la calle no tenía salida y me lo veo corriendo detrás de mí.
-¡Pero oiga que le había dicho que me esperara!
-¡Disculpe, solo estaba dando la vuelta al coche!
Yo juro que no le oí decir nada, el caso es que se monta de nuevo y me dice que a Murcia. Bien, esta vez vamos a coger Juan Carlos I como que me llamo Marisa. Ya un poco mas relajada porque iba por ciudad, el señor continúa con su película. Tengo que decir que era una especie de Fredy Cruger, y que para entonces, estaba anocheciendo y seguía con las gafas de sol y el sombrero puesto. Yo intentaba escucharle para no disgustarle demasiado, en esto que hago un chiste malo que no recuerdo y se pone a reírse, la boca era un agujero negro sin dientes y el señor me dice ¿has visto que joven soy, todavía no tengo dientes?. La gente se cree que tengo SIDA pero es de una piorrea, jaja. Ahora me río, pero aquel día rezaba, la conversación cada vez más rara, aunque a esas alturas ya era un monólogo, yo cada vez más rápida, por fin veo la circular a lo lejos, le interrumpo;
¿le dejo en la circular?
-Si
Llego a la circular, le vuelvo a interrumpir;
-Disculpe, hemos llegado.
-Bueno pues sigue para adelante y me dejas en la Gran Vía
El hablaba sin parar, ya de mafias, armas, yo barajaba si tirarme del coche en marcha, o pararlo y salir corriendo, o pararlo y sacar las llaves y salir corriendo.
-Disculpe, ¿a que altura de la Gran Vía le dejo?.
-Sigue, sigue, déjame en el Puente, de los Peligros que se llama, y esto no es broma.
El taxímetro marcaba unos dieciséis euros, a mi ya eso me daba igual, yo solo quería que se bajara del coche. Llego al puente, le vuelvo a interrumpir;
-¿Por aquí esta bien?
-¿tu donde vas?
Ehhhh, ¡la virgen del Carmen!, digo yo que me inspiraría ella que la tenía enfrente.
-Yo voy a recoger a una clienta y voy tarde.
-Ah bueno, era por si volvía a autobuses irme para allá con usted.
Tuve pesadillas durante una semana, os lo juro.